jueves, 20 de diciembre de 2012

Cuidados de belleza y maquillaje en la Antigua Roma.

Toliet of Roman Lady, Simeon Solomon

Aprended, muchachas, los cuidados que  hermosean  el rostro y el modo de proteger vuestra belleza. (Ovidio, De medicamine faciei, vv. 1-2)


Si en la sección radiofónica de la semana pasada hablamos de los peinados de los hombres y mujeres de la antigua Roma, hoy vamos a hacer referencia al  maquillaje y a los cuidados de belleza.

Siguiendo fundamentalmente a Raquel López Melero en su artículo “Los secretos de belleza en la antigua Grecia”  (National Geographip Historia, nº 80, pp.22-25), hay que decir que el hábito de cuidar el aspecto físico y la belleza externa fue heredado por las romanas de las mujeres griegas. Las matronas romanas, como las griegas, se esmeraban en su apariencia externa porque necesitaban mantener su estatus como dueñas y señoras de la casa, diferenciándose así de las esclavas y mostrándose siempre hermosas y atractivas para sus esposos. 

Popea Sabina
Popea en Quo vadis?
Fueron precisamente las mujeres  griegas las que establecieron el canon de belleza basado en la piel blanca, que se ha mantenido hasta la actualidad, a pesar de que hoy en día la piel morena resulte hermosa y esté de moda. Para mantener la piel bonita, tanto del rostro como del resto del cuerpo, las mujeres griegas (y después las romanas) se ponían por la noche una mascarilla, que al día siguiente retiraban con leche; exfoliaban su cuerpo embadurnándose en  aceite de oliva  y aplicando después sosa natural (carbonato cálcico) o piedra pómez; y se enjuagaban después con agua corriente o con aceites aromatizados a base de distintas esencias naturales como  el cedro, la mirra, el pino, la azucena, el azafrán, el membrillo, la jara, la violeta o las rosas. También fueron muy comunes entre las mujeres que pertenecían a la aristocracia, los baños de leche para cuidar la piel. Dos ejemplos famosos del uso de estos baños de leche lo encontramos en Popea, la esposa del emperador Nerón, que todos los días se bañaba en leche de burra; y en Cleopatra, la famosa reina egipcia que cautivó a Julio César y a Marco Antonio.
Cleopatra, bañándose en leche.
Albayalde o blanco de plomo.
Decíamos antes, que la sociedad griega impuso el canon de belleza femenino basado en la piel clara, pues se consideraba que las mujeres blancas eran más hermosas que las de piel oscura y además más proclives a la fecundación.  Para conseguir este ideal de belleza, las féminas aplicaban a su rostro un compuesto, que actuaba como base de maquillaje, denominado carbonato de plomo, blanco de plomo, cerusa, blanco de cerusa, cerusita, orín de plomo o también conocido más tarde como albayalde (término de procedencia árabe y documentado por Corominas en castellano en 1439) . Dicho compuesto, según nos informa Raquel López Melero, era verdaderamente dañino para la piel, incluso podía ser letal si las mujeres tragaban algunas de sus partículas, pero está visto que “el antes muerta que sencilla”, en este caso “antes muerta que con la piel poco clara”, no es algo de los tiempos actuales.


La reina Cleopatra, interpretada por Liz Taylor.
Una vez aplicada esta base de maquillaje, las mujeres daban color a su rostro con tierras coloreadas o con orcaneta (una planta herbácea de la que se extrae tinta roja); perfilaban sus ojos y alargaban sus pestañas con un polvo negro de antimonio similar al “khol” egipcio, y daban sombra a sus ojos con arcillas también rojizas, verdosas (ricas en celadonita, malaquita o glauconita) o con tierras azuladas que contenían zurita. Finalmente resaltaban sus labios con una especie de carmín, compuesto por cinabrio o sulfuro de mercurio, muy conocido en la Hispania romana gracias a las minas de Almadén. Curiosamente las cejas  al principio no se estilaban depiladas como en la actualidad, sino que el gusto era llevarlas pobladas y pintadas cubriendo el entrecejo en forma de arco.
Tocador de una matrona romana, Juan Giménez Martín
Todos estos cuidados de belleza, que se hacían en privado (fuera de la vista de los hombres) eran posible gracias a los “cosmetriae”, que eran las esclavas especializadas en el arte del maquillaje y a las “ornatrices” (“ornatrix-ornatricis”), que eran las que se encargaban del peinado y de los adornos o aderezos que llevaban sus señoras.  Para ello disponían, tanto unas como otras, de los objetos de tocador: espejos, peines, agujas, cintas o diademas para el pelo;  pequeños recipientes destinados a los cosméticos,  pinzas para la depilación o preciosos frascos para los perfumes (“unguentarium-ii”) y los aceites. Sobre la depilación, hay que añadir que las mujeres romanas  ya se  depilaban, utilizando  para quitar el vello ceras resinosas  o pinzas llamadas “forcipes aduncae” (de “forceps-forcipispinzas + “aduncus-a-um“ ganchudas).

Curiosidades:
Ungüentarios romanos
Empezamos por el léxico: el término “cosmético” procede del griego griego “Kosmetikós, y la voz “ungüento”, que hoy día empleamos más con el sentido de pomada con valor curativo, procede del latín (unguentum-ii).  En la Antigua Roma los “unguenta” hacían referencia a los aceites perfumados o esencias  que elaboraban los “unguentarii” (de unguentarius-ii) y que luego vendían los “seplasarii” (“seplasarius-ii), que eran una especie de farmacéuticos de la época, o los “pigmentarii” (de pigmentarius-ii), los perfumistas o vendedores de colores, pigmentos o afeites (pigmentum-ii).

También formaba parte del aseo e higiene personal el blanquearse y  lavarse los dientes. Para el primer procedimiento utilizaban piedra pómez en polvo, y para lavárselos, es conocida la práctica de la orinoterapia en los habitantes de la península Ibérica.  Por tal motivo el poeta Catulo se ríe del celtíbero Gellius Egnatius por usar orina  para lavarse los dientes:

“Ahora, eres celtibérico: en el país de Celtiberia,
lo que cada hombre mea, lo acostumbra utilizar para cepillar
sus dientes y sus rojas encías, cada mañana,
de modo que el hecho de que tus dientes están tan pulidos
solo muestra que estás más lleno de pis”
.

No sería hasta el siglo I d.C. cuando Escribonius Largus, el médico del emperador Claudio, inventara la primera pasta dental a base de una mezcla de vinagre, miel, sal y cristal muy machacado.

Mujer romana
Otra curiosidad: no estaba bien visto que las mujeres se maquillaran de manera excesiva, pues el uso exagerado de pinturas en el rostro se asociaba a la prostitución. Por tanto, las matronas tenían que encontrar un equilibrio en el uso del maquillaje para resultar atractivas para los hombres, con el objeto de resaltar la belleza natural, que solo debían exhibir en sus casas, pues a la calle debían salir con la cabeza cubierta.

Algunos sectores conservadores consideraron que debía ponerse freno al gusto de las mujeres romanas por arreglarse y maquillarse, y así en el 215 a. C. durante la II Guerra Púnica se aprobó la “Lex Oppia”  con el objeto de restringir lo que algunos consideraban excesos en el vestir y arreglo de las mujeres romanas. Pero no duraría mucho tiempo esta Ley, pues la presión de las mujeres romanas sobre sus esposos hizo que finalmente se derogara. Así que de nuevo, las féminas gozaron de libertad para arreglarse y resaltar sus encantos.   

Acabamos con otro interesante dato que hemos extraído directamente de la web “Mujeres dermatólogas”. Galeno, médico romano del siglo II d.C, dividió los cosméticos en dos grandes grupos: “El primero, “Kosmetike tekné” o limpiadores y protectores, constituían el “ars ornatrix” (de ornatus, decorado) y carecían de toxicidad, por lo que eran aconsejables. Los segundos,  “Kommotike tekné” o cosméticos de adorno, destinados a disimular el paso del tiempo y los defectos, constituían el “ars fugatrix” (de fugatus, disimulo) e incluían sustancias potencialmente nocivas como el plomo blanco para ocultar arrugas, por lo que se consideraban frívolos y desaconsejables”.

Recomendación: si ha gustado este tema os sugiero que consultéis el siguiente enlace en el que podréis encontrar la obra de Publio Ovidio Nasón, De medicamine faciei,  obra revisada, traducida y comentada por los profesores de la Universidad de Granada, Andrés Pociña y Aurora López. Nos solo es de gran belleza, sino que tiene de interés los consejos que el poeta latino da a las mujeres de su época y las recetas de belleza que incluye. como por ejemplo: 

versos 77-82: receta para suprimir las manchas del cutis a base de alcyloneum y miel.
versos 83-98: receta a base de incienso y otros ingredientes para combatir las rojeces del rostro.

Agradecemos a nuestras alumnas de 4º de ESO D y B su colaboración en la sección radiofónica de hoy.


Bibliografía:
López Melero, Raquel: “Los secretos de belleza en la antigua Grecia” (National Geographip Historia, nº 80, pp.22-25)
“Maquillaje y belleza en la Antigua Roma”,  Arquehistoria,  http://arquehistoria.com/historias-maquillaje-y-cosm-ticos-de-las-mujeres-romanas-573